En la actualidad, los nanotubos de carbono se utilizan en los aviones tanto por su resistencia como por su capacidad para resistir temperaturas de hasta 400 ºC. Los de nitruro de boro pueden soportar incluso un calor más intenso, con temperaturas de hasta 900 ºC, y además tienen la ventaja de que manejan mejor el estrés y son mucho más ligeros que los de carbono.
Estas cualidades hacen de los nanotubos de nitruro de boro el material perfecto para fabricar aviones que puedan viajar a velocidades hipersónicas que puedan reducir los tiempos de los vuelos. Gracias a este compuesto, un viaje en avión con una duración de unas siete horas podría reducirse a solo una hora. Por ejemplo, un vuelo entre Miami y Seattle se demora alrededor de 6 horas y 40 minutos, y a velocidad hipersónica el trayecto se cubriría en unos 50 minutos.
Eso sí, el nitruro de boro tiene un inconveniente: se trata de un material poco habitual y caro de producir. «En este momento, los nanotubos de nitruro de boro cuestan alrededor de 1.000 dólares por gramo», explica Changhong Ke, miembro del equipo. No obstante, hace 20 años los nanotubos de carbono tenían aproximadamente el mismo precio, por lo que su coste podría bajar en los próximos cinco a diez años hasta situarse en un precio razonable. Por lo tanto, todavía tendremos que esperar hasta ver aviones comerciales fabricados con este material.