Complicaciones graves para el menor e incluso la muerte pueden derivarse del mismo. Generalmente la madre simula la existencia de enfermedades o provoca síntomas o signos en el niño con el objeto de buscar asistencia médica e induce a los médicos tratantes a realizar maniobras diagnósticas o terapéuticas costosas y de alto riesgo para el menor, explicó Marchán.
Se estima que existe una incidencia anual entre 0.5-2.0 /100.000 niños menores de 16 años según los escasos estudios publicados debido a que el mismo está subdiagnosticado, y suele pasar desapercibido ante su desconocimiento y dificultad diagnóstica. Los datos aportados hacen referencia a niños menores de cuatro años de edad, sin predilección de sexo, con un tiempo transcurrido desde el comienzo de la sintomatología hasta el diagnóstico, generalmente largo, con un promedio de 21,8 meses desde el comienzo del cuadro hasta el diagnóstico correcto, cuenta Marchán.
Y añadió, en un 25% se conocían hermanos muertos y en un 61,3% la existencia de enfermedades similares en los hijos fallecidos. Con respecto al pronóstico un 7,3% sufrieron lesiones a largo plazo o secuelas permanentes, con un 6% de fallecimientos. La madre fue causante del 86,5% de los casos.
También agregó, en lo referente a la actitud de la madre, se las nota muy preocupadas por la salud de su hijo, son amables, cariñosas, cuidadosas, muy atentas tanto con la situación clínica del niño, como con el personal sanitario.
En cuanto a la figura del perpetrador se describieron, cuatro tipos de madres que ejercen este tipo de maltrato:
- Maltrato como búsqueda de ayuda: son madres que buscan atención médica para sus hijos, en orden de comunicar sus propias ansiedades, cansancio, depresión o inhabilidad para hacerse cargo de su hijo. En muchos casos coinciden con un contexto de conflicto familiar, violencia doméstica, desavenencias en la pareja, hijos no buscados. En general estas madres aceptan ayuda psicoterapéutica.
- Las médico- adictivas: estas madres perpetradoras están obsesionadas en obtener tratamiento médico para enfermedades inexistentes en sus hijos. Se dedican a detallar síntomas e historias médicas falsas sobre sus hijos. Piensan que sus hijos están efectivamente enfermos, se niegan a aceptar la evidencia médica que dice lo contrario, y realizan sus propios tratamientos hacia sus hijos. Suelen mostrarse perspicaces hacia el accionar médico, antagonistas y paranoides. Tienden a ser también desconfiadas y violentas.
- Inductoras activas: estas madres perpetradoras inducen la enfermedad a través de métodos dramáticos. Se muestran ansiosas o deprimidas empleando grados extremos de renegación, disociación afectiva, y proyección paranoide. Adquieren una ganancia secundaria importante, a través de ejercer una relación de control sobre el cuerpo médico tratante, a la vez que obtienen el reconocimiento por parte de estos, de ser devotas cuidadoras de sus hijos.
- Asesinas: Incluyen a las de tipo inductoras activas, con predominio de crueldad, y ausencia de culpa, con prevalencia de un deseo de muerte sobre el niño quien es vivido como ajeno y merecedor del daño. Pueden llegar a procurar la muerte en el niño.

Marchán, detalla algunas características que orientan al diagnóstico:
- Los síntomas y el patrón de la enfermedad son muy raros y fisiológicamente atípicos.
- Los menores presentan enfermedades extrañas o inexplicables, con síntomas asociados temporalmente a la presencia materna.
- Las hospitalizaciones y las investigaciones reiteradas no logran llegar a un diagnóstico.
- El paciente no responde a tratamientos apropiados.
- La vitalidad del paciente es incompatible con los datos del laboratorio.
- Las investigaciones no se corresponden con el aspecto sano del niño.
- Las observaciones médicas generan información incompatible con los informes de los padres.
- Los médicos con experiencia indican «no haber visto nunca un caso semejante».
- Madre perpetradora excesivamente atenta que no quiere alejarse de su hijo.
- La madre perpetradora es la única testigo del comienzo de los signos y los síntomas.
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Los síntomas denunciados por las madres perpetradoras en este Síndrome son:
- Digestivos (dolor, vómitos, diarrea, sangrados) 47%
- Neurológicos (convulsiones, trastornos del sensorio) 27%
- Respiratorios (broncoespasmos, apneas) 15%
- Genitourinarios (dolor, sangrados, infecciones) 5%
- Misceláneas (intoxicaciones, metabólicas, endocrinas) 6%
El perpetrador recurre a diferentes métodos para lograr su finalidad, por ejemplo, añadir sangre a la orina o heces del niño. Privar de alimento al niño para que parezca que no puede aumentar de peso. Calentar los termómetros para que parezca que el niño tiene fiebre. Inventar resultados de pruebas de laboratorio. Darle fármacos al niño para provocar vómito o diarrea. Administrarse sal en los biberones para provocarle convulsiones. Darles alimentos que no deben consumir por presentar intolerancia. Administrarles tóxicos en dosis pequeñas junto con las comidas. En los niños internados, y con vía endovenosa recurren a administrar medicamentos diversos por esta vía, que deben ser dados por vía oral. Provocación de asfixia por inhalación en bolsa de plástico o por oclusión mecánica con las manos, esta obstrucción de la vía aérea, etc.

INDICADORES DIAGNÓSTICO DEL SÍNDROME DE MUNCHAUSEN POR PODER
En el niño: Síntomas de difícil encasillamiento en un cuadro clínico específico. Síntomas de inexplicada persistencia y versatilidad que conducen a elaboración diagnóstica desordenada, compleja e inconsistente. Antecedentes familiares de muerte infantil no aclarada o miembros que alegan tener diferentes enfermedades graves. Exámenes complementarios no concordantes con el estado de salud del niño. Ausencia de casos similares. Tratamientos ineficaces o mal tolerados.
En el perpetrador: Habitualmente la madre. Los signos y síntomas ocurren sólo en presencia de ella. Madre solicita; menos preocupada que los propios asistentes del niño.Rehúye dejar solo al niño en el hospital. Trata de establecer estrechas relaciones con médicos y enfermeras. Suele tener conocimientos o antecedentes de profesión sanitaria usualmente frustrados. Presencia de trastornos psiquiátricos y/o de conducta. Padecedora del Síndrome de Munchausen.
“En general, el personal médico tarda en darse cuenta del engaño”, explica Marchán.
Y añade, durante meses o años incurrir involuntariamente en un encarnizamiento “terapéutico” que es por lo menos muy riesgoso para el niño y a veces directamente perjudicial.
Este proceso puede tener lugar en distintas instituciones. Es de hacer notar que los agresores van perfeccionando sus maniobras y su manejo del personal de salud. Para desmontar esta estructura de fantasías, puede ser necesario realizar una observación muy fina o incluso recurrir a un monitoreo televisivo oculto (procedimiento que ha merecido objeciones éticas), el padre queda en una situación de exclusión delegando en su esposa el «cuidado» del niño, detalla Marchán.
Cabe aclarar que la pareja parental comparte la creencia de que el cuerpo del hijo es de dominio absoluto de la madre. Ésta, mediante fabulaciones sobre enfermedades graves y tratamientos inexistentes mantiene ésta postura y el padre adoptando una actitud distante y dejando que la salud del niño sea una tarea exclusivamente materna.
“Para el niño los riesgos y consecuencias son enormes: morbilidad física a corto y largo plazo, ausencia escolar, aislamiento social, tratamientos displacenteros y trastornos psíquicos, irritabilidad, dificultad para vincularse con sus pares, dificultades para el aprendizaje y en niños mayores síntomas conversivos o participación en el engaño”, Marchán.
Además añadió, que los integrantes del equipo profesional—como también las instituciones educativas o judiciales— pueden oscilar frente a estas situaciones entre la incredulidad y el rechazo, en particular quienes tienen su primer contacto con estos pacientes.
También destacó que es importante reforzar la idea de considerar la sospecha de síndrome de Munchausen por poder ante la presencia de niños con supuestos síntomas que no permiten consolidar un diagnóstico clínico claro, la falta de respuesta a los tratamientos implementados y la reiterada demanda de asistencia en diferentes instituciones sanitarias.
El diagnóstico se denomina situacional ya que contempla los aspectos médicos, psicológicos, psiquiátricos, sociales y legales. La modalidad de intervención frente a la sospecha del Síndrome de Munchausen por Poder, tuvo un carácter eminentemente interdisciplinario.
El manejo terapéutico básico ante la sospecha de este síndrome es asegurar en todo momento la protección y bienestar tanto del niño sospechoso de ser víctima de un SMPP, como la de sus hermanos. Su manejo es con un equipo Interdisciplinario que estará formado por su pediatra de atención primaria, los distintos médicos especialistas implicados, personal de enfermería, equipo de trabajo social, equipo de salud mental y de ser posible alguien con experiencia en otros casos de SMPP.
Además detalló que el manejo desde el punto de vista psicopatológico debe incluir un triple enfoque: el niño como víctima del maltrato, la persona cuidadora (generalmente la madre) como agente causal y la familia conviviente como núcleo en el que se desarrollan los hechos.
Y continuó: “ La valoración de la situación socio familiar del niño debe incluir aspectos como la capacidad de los padres para proporcionar cuidados básicos materiales y emocionales, la cobertura de las necesidades educacionales y sociales tanto de la víctima como de sus hermanos, las características y condiciones socioeconómicas de la familia, facilitar información y apoyo durante todo el proceso asistencial”.
Además resulta de utilidad contactar con los educadores de la escuela para intercambiar información y comprobar si existe ausentismo escolar en relación con problemas de salud, explica Marchán.
Diagnosticar, reportar y seguir un caso de Síndrome de Munchausen por Poder es una experiencia difícil para quienes lo realizan, angustia al profesional actuante, y es agotadora la búsqueda de un diagnóstico pues requiere de una gran cantidad de tiempo y de habilidad, cuenta.
Marchán: “Lo que debemos tener muy claro frente a éste Síndrome que en realidad se trata de Maltrato Infantil y lo primordial es poner el menor a resguardo para que no siga recibiendo el maltrato por parte de su cuidador”
Y añadió que es imprescindible reparar y evitar la reiteración de los episodios. El monitoreo y seguimiento de esta patología es esencial para evitar el desenlace fatal que algunos pacientes registran.
Además de las dificultades que se presentan para realizar el diagnóstico, una vez realizado el mismo, para poner al menor a resguardo sería deseable presentar todas las pruebas para que el mismo sea tenido en cuenta por la justicia de menores, concluye Marchán.