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Por qué algunas personas evitan responder las llamadas telefónicas y qué dicen los psicólogos sobre ese temor


Publicada: 2026-05-05 09:00:56

Especialistas advierten que detrás de ese rechazo no siempre hay una simple costumbre o preferencia por los mensajes, sino que puede haber fobia social o una timidez extrema. Cuándo conviene consultar y qué herramientas pueden ayudar a tratarlo.
Hay personas que pueden mandar diez mensajes sin problema, pero se paralizan si suena el teléfono. No es solo una cuestión de hábitos ni una rareza de época.

En algunos casos, evitar una llamada, dejar sonar el celular o postergar una gestión básica puede ser la punta de algo más profundo: ansiedad social, temor al juicio ajeno o una incomodidad intensa frente a la exposición.

El investigador alemán Borwin Bandelow, especialista en ansiedad, lo plantea sin rodeos: “Quienes temen hacer llamadas telefónicas sufren de fobia social”. Y agrega que muchas de estas personas tienen “un miedo infundado a ser criticadas o avergonzadas por los demás”.

Es decir, no se trata solo de no tener ganas de hablar, sino de sentir que del otro lado puede aparecer la crítica, el ridículo o el error.

Ese temor no se limita al teléfono. Según explica Bandelow, también puede aparecer en exámenes, presentaciones, discursos o situaciones en las que alguien siente que está siendo observado o evaluado. La llamada telefónica suma, además, una dificultad particular: obliga a responder en el momento, sin tiempo para editar, borrar o pensar demasiado. Ahí aparece buena parte del malestar anticipado.

Cuando llamar genera angustia

Para quienes lo padecen, hablar por teléfono puede ser mucho más exigente de lo que parece desde afuera. Bandelow define este cuadro como “una forma exacerbada de timidez”, una descripción que ayuda a entender por qué muchas de estas personas no solo evitan llamadas, sino también fiestas, encuentros o situaciones nuevas.

Evitar llamadas puede ser más que una costumbre: a veces es ansiedad social.
Evitar llamadas puede ser más que una costumbre: a veces es ansiedad social.
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La psicóloga española Cristina Barambio suma otro matiz importante al explicar que la fobia social implica “un miedo excesivo e irracional a las situaciones sociales en las que el individuo puede ser evaluado”. En una llamada, ese miedo puede intensificarse porque no hay apoyos visuales, gestos o señales del otro que ayuden a ordenar la conversación. Solo queda la voz y la necesidad de responder.

Muchas personas describen el mismo circuito: miedo a quedarse en blanco, a decir algo ridículo, a que se note la incomodidad o a arrepentirse de lo que acaban de decir. Por eso, el mensaje escrito suele sentirse más seguro. Permite pensar, corregir y tomar distancia. Eso da una sensación de mayor control.

Por qué los mensajes parecen más fáciles

La mensajería instantánea cambió la forma de comunicarse, pero no inventó este problema. Bandelow incluso recuerda que antes podía ser peor, porque directamente no se sabía quién estaba del otro lado de la línea. Hoy, en cambio, muchas personas evitan llamadas porque sienten que irrumpen sin aviso y exigen una respuesta inmediata.

Entre las razones más frecuentes que mencionan los especialistas aparecen estas:

  • miedo al juicio del otro
  • necesidad de pensar antes de responder
  • incomodidad con la inmediatez
  • temor a quedar en silencio
  • antecedentes de malas noticias o críticas por teléfono

Barambio también advierte que, en los casos más severos, la llamada puede disparar síntomas físicos. Entre ellos menciona dolor de estómago, náuseas, palpitaciones, falta de aire, hiperventilación, boca seca e incluso ataques de pánico. Ahí ya no se trata de una simple preferencia por escribir, sino de una evitación que puede interferir con la vida diaria.

Cuándo conviene pedir ayuda

El problema empieza a volverse relevante cuando limita cuestiones concretas: pedir un turno médico, responder por trabajo, resolver trámites o sostener vínculos personales. Si la persona organiza su rutina para no llamar, no atender o evitar toda situación que implique hablar por teléfono, conviene consultar.

Bandelow recomienda buscar tratamiento cuando hay fobia social. Según explica, la terapia conductual puede ayudar porque permite trabajar esas situaciones temidas de manera gradual y guiada. En algunos casos, también pueden indicarse medicamentos, como antidepresivos, sobre todo cuando la fobia se presenta en forma grave.

Barambio coincide en que, si esa dificultad interfiere demasiado con la rutina, no conviene minimizarla. Porque detrás de algo que a veces se toma a la ligera —“no le gusta hablar por teléfono”— puede haber una ansiedad real, sostenida y muy limitante.

En definitiva, no todas las personas que odian las llamadas tienen un trastorno. Pero cuando el teléfono deja de ser una molestia y se convierte en una fuente de angustia, evitación o bloqueo, vale la pena prestarle atención. A veces, lo que parece una costumbre moderna es en realidad una señal de que algo en el vínculo con los demás está costando más de lo que se ve.

Fuente: ConBienestar