Agosto concentra buena parte de las campañas internacionales dedicadas a promover, proteger y acompañar la lactancia materna. En particular, del 1 al 7 de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna, impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF y la Alianza Mundial para la Acción de Lactancia Materna. En 2026, el lema elegido es “Lactancia materna para un comienzo sostenible en la vida: fortalecer lo que funciona”, con énfasis en ampliar aquellas políticas y estrategias que ya demostraron mejorar los resultados.
La recomendación internacional es iniciar la lactancia, siempre que sea posible, durante la primera hora de vida, mantenerla de manera exclusiva durante los primeros seis meses y continuarla junto con una alimentación complementaria adecuada hasta los dos años o más.
Sin embargo, todavía menos de la mitad de los bebés menores de seis meses recibe lactancia exclusiva a nivel mundial. En 2025, OMS y UNICEF informaron que la cifra global rondaba el 48%, mientras que el objetivo internacional apunta a alcanzar al menos el 60% para 2030.
Por qué la lactancia beneficia tanto al bebé como a la madre
La leche humana aporta nutrientes especialmente adaptados a las necesidades del bebé y contiene componentes inmunológicos que contribuyen a protegerlo frente a distintas infecciones.
OMS y UNICEF destacan que la lactancia favorece la supervivencia y el desarrollo infantil y ayuda a reducir el riesgo de enfermedades como diarrea y neumonía durante los primeros meses de vida.
Los beneficios no se limitan al bebé. La lactancia también se asocia con ventajas para la salud de quien amamanta y puede contribuir a disminuir el riesgo de algunas enfermedades a largo plazo.

Pero estos beneficios no significan que la experiencia sea automática ni sencilla. Dolor, dificultades en el agarre, grietas, problemas en la producción de leche, cansancio, dudas sobre si el bebé se alimenta lo suficiente y la vuelta al trabajo son algunas de las situaciones que pueden interferir en el proceso.
Por eso, los organismos sanitarios insisten cada vez más en que la lactancia no debe presentarse como una responsabilidad exclusiva de la madre. El acompañamiento del equipo de salud, la pareja, la familia, la comunidad y el ámbito laboral puede ser determinante para que pueda sostenerse.
Amamantar no debería ser una experiencia en soledad
El lema de 2026 pone justamente el foco en fortalecer aquello que ya demostró funcionar. Entre las intervenciones señaladas por la OMS se encuentran el asesoramiento especializado en alimentación infantil, las licencias por maternidad remuneradas y las políticas de apoyo a la lactancia en los lugares de trabajo.
El regreso a la actividad laboral constituye uno de los momentos más difíciles. Contar con tiempos adecuados para extraerse leche, espacios higiénicos y privados para hacerlo y condiciones laborales compatibles con la crianza puede marcar una diferencia importante.
También resulta clave la atención sanitaria desde el embarazo y durante el puerperio. Una consulta con profesionales capacitados puede ayudar a resolver problemas frecuentes antes de que lleven a abandonar una lactancia que la persona deseaba continuar.
Esto tampoco implica establecer una exigencia. Hay situaciones médicas, personales o familiares en las que la lactancia no puede realizarse o no se sostiene. El acompañamiento sanitario debe brindar información y alternativas sin culpabilizar a quien no puede o decide no amamantar.
Información, controles y acompañamiento: las claves para sostenerla
Ante dolor persistente, lesiones en los pezones, fiebre, endurecimiento del pecho, dificultades del bebé para prenderse o dudas sobre su crecimiento, es importante consultar con un pediatra, obstetra, puericultora u otro profesional capacitado en lactancia.
Mantener los controles pediátricos permite evaluar el crecimiento y desarrollo y determinar si la alimentación es adecuada para cada etapa. A partir de los seis meses, la incorporación progresiva de alimentos complementarios no significa necesariamente abandonar la lactancia, que puede continuar mientras resulte adecuada para el niño y su familia.
La Semana Mundial de la Lactancia Materna busca justamente correr el foco de las decisiones individuales y recordar que amamantar requiere condiciones que lo hagan posible. La evidencia disponible muestra que cuando existen acompañamiento profesional, políticas laborales adecuadas y una red social de apoyo, aumentan las posibilidades de sostenerla.
En agosto, el mensaje no debería ser solamente “hay que amamantar”, sino uno más amplio: quien desea hacerlo necesita información confiable, tiempo, protección y acompañamiento para poder elegir y sostener esa decisión.
Fuente: TN CONBIENESTAR