Se espera que la nave espacial sea reutilizada en el futuro porque, a diferencias de otra de su tipo, será capaz de reabastecerse de combustible.
Alice Bunn, codirectora de la Agencia Espacial del Reino Unido (UKSA), reconoció que “esta misión va mucho más allá de la simple eliminación de escombros. Se trata de desarrollar las capacidades que permitirán el mantenimiento, el ensamblaje y la fabricación en órbita en el futuro”.
“Nuestro siguiente paso es diseñar, construir y probar una nave espacial capaz de acercarse, de forma segura, a un objeto que nunca fue diseñado para ser capturado, y tomar el control del mismo. Lo haremos en colaboración con socios de toda la cadena de suministro del Reino Unido, con el objetivo de iniciar las operaciones en 2029”, sumó Rob Atchinson, director de ClearSpace UK.

Atchison confirmó además que el equipo que desarrolló las tecnologías reúne a ingenieros y especialistas de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, “así como de aliados y socios”.
¿Qué antecedentes existen?
Aunque es una misión pionera por el modo en que realizará la tarea, no será la primera destinada a la limpieza espacial.
En 2018, el Reino Unido llevó a cabo el proyecto RemoveDEBRIS, liderado por la Universidad de Surrey, que probó en órbita una red y un arpón para capturar objetos.
Tres años después, la empresa Atroscale, también del Reino Unido, lanzó ELSA-d, una misión que demostró la captura magnética de un satélite de prueba. Se trató de un ensayo en colaboración con Japón.
En 2022, China participó de la iniciativa con Shijian-21. En ese caso, una nave capturó un satélite de navegación fuera de servicio y lo trasladó a una órbita cementerio. A diferencia de lo que hará la misión británica, la china no lo reinsertó en la atmósfera.
Actualmente, la Agencia Espacial Europea desarrolla ClearSpace-1, otro proyecto previsto para 2029 que busca capturar el satélite Proba-1 y retirarlo de órbita.