Una transformación necesaria que plantea nuevos desafíos
Reducir las emisiones contaminantes y avanzar hacia un transporte público más sustentable es un objetivo compartido en gran parte del mundo. En ese camino, la incorporación de colectivos eléctricos y a gas aparece como una de las principales alternativas para disminuir el impacto ambiental y modernizar un sistema que necesita renovarse.
Sin embargo, detrás de esa transformación tecnológica también surgen interrogantes sobre cómo implementar el cambio sin afectar la operación cotidiana de uno de los servicios públicos más utilizados por los argentinos.
Especialistas del sector sostienen que la renovación de las flotas debe estar acompañada por inversiones en infraestructura energética y una planificación que permita garantizar la continuidad del servicio. De lo contrario, advierten, una política ambiental positiva podría enfrentar dificultades operativas y económicas.

Modernizar el transporte público va mucho más allá de cambiar los colectivos: requiere inversiones, planificación y reglas claras para garantizar un servicio eficiente mientras se avanza hacia una movilidad más limpia.
En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y en distintos corredores de la provincia de Buenos Aires, empresarios del transporte señalan que todavía existen limitaciones para abastecer de electricidad o gas a grandes flotas de colectivos.
Actualmente, la red bonaerense está integrada por 130 líneas provinciales y 126 municipales, que operan alrededor de 8.400 unidades y recorren unos 45 millones de kilómetros por mes, transportando diariamente a millones de pasajeros. Cualquier cambio tecnológico, por lo tanto, tiene un impacto directo sobre una de las redes de transporte más importantes del país.
Subsidios, inversiones y una flota que envejece
Otro de los puntos que genera debate es el esquema de subsidios. Actualmente existen incentivos para promover la incorporación de colectivos eléctricos y a gas, con el objetivo de acelerar la transición hacia tecnologías menos contaminantes sin trasladar esos mayores costos al precio del boleto.
Sin embargo, representantes del sector sostienen que, si el monto total destinado a subsidios no aumenta, las empresas que todavía no pueden renovar sus unidades terminan recibiendo una menor proporción de esos recursos.
Según explican, esto podría profundizar las diferencias entre grandes operadores con mayor capacidad de inversión y pequeñas y medianas empresas que encuentran mayores dificultades para acceder a las nuevas tecnologías.
A esa situación se suma otro problema que preocupa a los transportistas: el envejecimiento del parque automotor. De acuerdo con datos del sector, desde 2021 el esquema de financiamiento dejó de contemplar plenamente algunos costos vinculados con la renovación de las unidades. Como consecuencia, la antigüedad promedio de la flota pasó de 6,8 años a más de 8 años entre 2021 y 2025.
Al mismo tiempo, el sistema también perdió escala. Entre 2015 y 2025 los viajes mensuales descendieron de casi 165 millones a 120 millones, mientras que el parque móvil se redujo en más de 300 colectivos.
Cómo avanzar hacia un transporte más sustentable
Más allá de las diferencias sobre el ritmo de implementación, existe consenso en que el transporte público deberá incorporar tecnologías más limpias durante los próximos años.
El desafío, coinciden distintos actores del sector, consiste en lograr que esa transformación vaya acompañada por inversiones en infraestructura eléctrica y de gas, mecanismos de financiamiento adecuados y reglas estables que permitan planificar la renovación de las flotas.
El objetivo no enfrenta al ambiente con el transporte público, sino que busca compatibilizar ambos desafíos: reducir las emisiones contaminantes y, al mismo tiempo, preservar un servicio esencial para millones de personas que todos los días utilizan el colectivo para trabajar, estudiar o acceder a distintos servicios.
Como ocurre con otros procesos de transición energética en el mundo, el debate ya no pasa por si el cambio debe realizarse, sino por cómo hacerlo de manera gradual, sostenible y sin generar nuevas desigualdades entre los distintos operadores del sistema.
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Fuentes: Documento técnico «Colectivos en rumbo de colisión: el desafío tecnológico y los subsidios mal distribuidos ponen en jaque al medio de transporte clave para trabajadores y desocupados».