Cada 15 de septiembre se conmemora el Día Mundial de Concientización sobre el Linfoma, una iniciativa impulsada por Lymphoma Coalition para aumentar el conocimiento sobre este grupo de cánceres y acompañar a pacientes y familias. En 2026, la campaña internacional se desarrolla bajo el lema “Navigating Lymphoma and CLL Together”, con foco en los desafíos que pueden aparecer desde el diagnóstico hasta el tratamiento y la vida después del cáncer.
El término linfoma engloba distintos tipos de cáncer que comienzan en células del sistema linfático. Según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, los dos grandes grupos son el linfoma de Hodgkin y los linfomas no Hodgkin, aunque dentro de estos últimos existen numerosos subtipos con características y tratamientos diferentes.
Ganglios inflamados y otros síntomas que no conviene ignorar
Una de las manifestaciones más conocidas es el aumento del tamaño de los ganglios linfáticos, que puede percibirse como un bulto, especialmente en el cuello, las axilas o la ingle.
La American Cancer Society aclara que los ganglios agrandados son mucho más frecuentemente consecuencia de infecciones que de un linfoma. Sin embargo, cuando aparecen sin una causa clara, persisten o aumentan de tamaño, conviene realizar una consulta médica.
También pueden presentarse fiebre sin una infección identificable, sudoración nocturna intensa, pérdida de peso involuntaria y cansancio persistente.

La combinación de fiebre, sudores nocturnos importantes y pérdida de peso sin causa aparente se conoce en medicina como “síntomas B” y puede resultar relevante para la evaluación y estadificación de determinados linfomas.
Otros síntomas dependen del lugar del organismo comprometido. Puede haber tos o dificultad para respirar cuando existen ganglios aumentados dentro del tórax, molestias abdominales, sensación de saciedad precoz o picazón en la piel.
Tener alguno de estos signos no significa necesariamente tener un linfoma. La mayoría también puede explicarse por otras enfermedades mucho más frecuentes, pero su persistencia amerita evaluación.
Por qué no existe un único estudio de detección para todas las personas
A diferencia de otros tumores para los que existen programas de rastreo en población sana, actualmente no hay una prueba de screening ampliamente recomendada para detectar el linfoma no Hodgkin en personas sin síntomas, según la American Cancer Society. Por eso, prestar atención a los cambios del cuerpo y consultar ante síntomas persistentes cobra especial importancia.
Cuando existe una sospecha, el proceso diagnóstico puede incluir examen físico, análisis de laboratorio, estudios por imágenes y, habitualmente, una biopsia del tejido afectado, necesaria para determinar qué tipo específico de linfoma presenta la persona.
Esa identificación es fundamental porque no todos los linfomas evolucionan de la misma forma. Algunos son de crecimiento lento y pueden requerir inicialmente vigilancia, mientras otros son más agresivos y necesitan tratamiento rápido. La estrategia depende del subtipo, la extensión de la enfermedad, la edad, el estado general y otras características individuales.
Los tratamientos dependen del tipo de linfoma
El tratamiento cambió considerablemente en las últimas décadas y hoy existen distintas alternativas. El Instituto Nacional del Cáncer señala que, en los linfomas no Hodgkin, pueden utilizarse quimioterapia, inmunoterapia, terapias dirigidas, radioterapia, trasplante de células madre y, en determinados casos, vigilancia activa u otros tratamientos específicos.
Esto significa que dos personas con un diagnóstico de linfoma pueden recibir tratamientos muy diferentes. En algunos casos, los avances en terapias dirigidas e inmunológicas permitieron ampliar las opciones disponibles y mejorar el control de determinados subtipos.
Pero el tratamiento médico es solo una parte del recorrido. La campaña internacional de 2026 pone especialmente el foco en la necesidad de que los pacientes cuenten con información confiable, acompañamiento y apoyo durante todo el proceso, desde el momento en que aparece una sospecha hasta la vida después del tratamiento.