Las aplicaciones de citas, las redes sociales y la posibilidad de conocer personas con solo deslizar un dedo parecían facilitar la búsqueda de una pareja. Sin embargo, en los consultorios ocurre lo contrario: cada vez son más las personas que expresan agotamiento, frustración y la sensación de que construir un vínculo genuino se volvió una tarea cada vez más compleja.
Para la licenciada en Psicología Mercedes Saavedra (UBA), el problema no es la falta de oportunidades, sino la forma en que muchas personas se relacionan. “Estamos tan ocupados analizando que nos olvidamos de darle play a algo nuevo”, sostiene. En lugar de abrirse a conocer al otro, muchas veces se repiten conductas que terminan alejando la posibilidad de construir una relación saludable.
Los perfiles que suelen repetirse en los vínculos
Según Saavedra, existen algunos patrones de comportamiento que aparecen con frecuencia y que terminan dificultando las relaciones.
Uno de ellos es el “optimizador”, que analiza cada cita como si se tratara de una evaluación y descarta rápidamente a quien no cumple con una lista de requisitos ideales. En el extremo opuesto aparece el “fugitivo”, que disfruta el comienzo de los vínculos pero desaparece cuando la relación empieza a profundizarse y exige compromiso.

También está el “rescatista”, que permanece en relaciones que le hacen daño con la esperanza de cambiar al otro, confundiendo el amor con la necesidad de solucionar los problemas ajenos. Finalmente, el “vendedor de humo” es quien sostiene el vínculo a partir de promesas futuras que nunca llegan a concretarse, manteniendo viva una expectativa que reemplaza a la realidad.
Responsabilidad afectiva: mucho más que una frase de redes sociales
La psicóloga advierte que el concepto de responsabilidad afectiva suele utilizarse de manera superficial, cuando en realidad implica asumir el propio mundo emocional.
Ser responsable afectivamente significa comunicar con honestidad qué tipo de vínculo se busca, reconocer cuándo no se está preparado para una relación y expresar límites y necesidades sin esperar que la otra persona adivine lo que ocurre.
También implica revisar las propias decisiones. Permanecer en una relación solo por miedo a la soledad o evitar cualquier compromiso para no sufrir son conductas que hablan tanto de uno mismo como del otro.
Para Saavedra, muchas personas viven tan enfocadas en evitar una decepción que terminan levantando barreras que impiden cualquier conexión auténtica. “Nos volvimos expertos en la estrategia y aprendices en la entrega”, resume.
Por eso, propone dejar de pensar que el problema es tener “mala suerte” en el amor y comenzar a revisar los propios patrones de comportamiento. Identificarlos permite desarrollar herramientas para elegir vínculos más conscientes, saludables y alejados de la repetición del sufrimiento.
FUENTE TN CONBIENESTAR