El 2 de septiembre se celebra el Día de la Industria Argentina. La fecha recuerda aquella primera exportación registrada en 1587, cuando desde el Riachuelo partieron hacia Brasil productos elaborados en nuestro territorio. Más de cuatro siglos después, sigue pendiente una pregunta fundamental: ¿qué somos capaces de producir y qué país queremos construir a partir de esa capacidad?
Nuestra provincia conoce bien lo que significa construir industria desde un territorio alejado de los grandes centros de consumo. La Ley 19.640 fue una decisión política de integración territorial. Permitió generar actividad económica, trabajo y capacidades productivas en un territorio estratégico para nuestro país. El propio Estado nacional reconoce hoy ese origen geopolítico y mantiene la vigencia de los beneficios vinculados al régimen industrial hasta 2038.
Pero 54 años después, no alcanza con defender aquello que se construyó. Hay que preguntarse qué hacer con ello.
Y ahí está, quizás, la discusión que Argentina está evitando.
Tierra del Fuego atraviesa un momento difícil. La producción y el empleo industrial se redujeron y la apertura de importaciones puso a prueba la capacidad de competir de las empresas radicadas en la provincia. En enero de este año, incluso, el Gobierno nacional llevó a cero el aporte que las empresas realizaban al Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva, después de reconocer el impacto de los cambios tributarios y arancelarios sobre su competitividad.
La respuesta no debería ser pretender que nada cambie. La industria tiene que cambiar. Tiene que incorporar más tecnología, desarrollar proveedores, aumentar productividad, diversificar su producción y generar cada vez más valor agregado.
Pero transformar no puede ser sinónimo de abandonar.
Y transformar también significa animarse a pensar más allá de lo que ya se conoce. En 2026 se aprobó en Tierra del Fuego un nuevo proceso productivo para fabricar módulos electrónicos destinados a vehículos. Es una señal concreta de que la capacidad instalada puede convertirse en nuevas oportunidades si existe una estrategia para hacerlo.
Porque si cada dificultad se resuelve importando lo que antes producíamos, el problema deja de ser solamente industrial. Se convierte en un problema de país.
Tierra del Fuego tiene, además, una discusión propia: cómo hacer para que la industria del futuro no dependa solamente de los productos que hoy fabrica. Cómo aprovechar lo aprendido, formar trabajadores para nuevas tecnologías y construir una matriz productiva más amplia.
Ese debate requiere seriedad y también decisión política.
En este Día de la Industria, no se trata de reivindicar una industria congelada en el tiempo. Se trata de reivindicar la capacidad de Argentina para producir, aprender, innovar y competir.
Porque un país puede importar muchas cosas.
Lo que no debería importar es la decisión de qué quiere ser.
(*) Natalia Jañez, Directora y Editora en Tiempo Fueguino.