Escuchar diagnósticos de cáncer en personas menores de 50 años genera cada vez más preocupación. Pero la pregunta es si realmente están aumentando los casos o si hoy simplemente se habla más del tema.
“No es solamente una percepción”, afirmó la Dra. Marcela Carballido, médica del Servicio de Oncología Clínica y líder de Tumores Digestivos del Hospital Universitario Austral.
La especialista explicó que distintos estudios internacionales comenzaron a registrar un crecimiento real de determinados cánceres diagnosticados antes de los 50 años, fenómeno conocido como cáncer de inicio temprano o early-onset cancer.
Sin embargo, advirtió que no se trata de un aumento generalizado. “Más que hablar de un aumento general del cáncer en los jóvenes adultos, debemos mirar qué tumores están aumentando, en qué grupos etarios y con qué magnitud”, señaló.
Un análisis del National Cancer Institute de Estados Unidos, citado por Carballido, mostró que entre 2010 y 2019 la incidencia antes de los 50 años aumentó en 14 de 33 tipos de cáncer estudiados y disminuyó en los otros 19. Entre los que mostraron incremento aparecen los de mama, colorrectal, endometrio, riñón y páncreas.
Mama y colorrectal, entre los tumores que más preocupan
El cáncer de mama concentra el mayor número de diagnósticos entre las mujeres jóvenes, mientras que el cáncer colorrectal es uno de los que presenta una tendencia creciente mejor documentada en distintos países.
La oncóloga explicó que el aumento se observa especialmente en generaciones nacidas más recientemente. “A una misma edad, presentan un riesgo mayor que las generaciones anteriores”, indicó.

En Argentina todavía faltan registros nacionales amplios, pero ya existen señales locales. Según detalló Carballido, un registro de Córdoba correspondiente al período 2006-2022 mostró que la proporción de cáncer de mama diagnosticado antes de los 50 años pasó del 27% al 35%, mientras que en cáncer colorrectal aumentó del 8% al 20% y en cáncer de riñón del 15% al 21%. La especialista aclaró que esos datos corresponden a una sola provincia y no deben extrapolarse a todo el país.
Qué factores podrían estar detrás del aumento
Cuando un cáncer aparece a edades tempranas, una de las primeras cuestiones a evaluar es la posibilidad de una predisposición hereditaria. Síndromes como Lynch o alteraciones en genes como BRCA1, BRCA2, PALB2 y TP53 pueden explicar una parte de los casos. Sin embargo, Carballido remarcó que la mayoría de los tumores de inicio temprano no se vincula con una mutación hereditaria conocida. “La genética por sí sola no alcanza para explicar este aumento”, sostuvo.
Entre los factores conocidos asociados con distintos tumores aparecen la obesidad, alteraciones metabólicas, sedentarismo, determinados patrones alimentarios, consumo de alcohol y tabaquismo.
También se estudian otras posibles influencias, como el microbioma intestinal, el uso de antibióticos y distintas exposiciones ambientales desde la infancia y la adolescencia.
“Probablemente estemos frente a un fenómeno multifactorial, en el que interactúan la predisposición genética, el metabolismo, el ambiente y exposiciones acumuladas durante muchos años”, explicó Carballido.
Ser joven no descarta un diagnóstico de cáncer
Un diagnóstico antes de los 50 años no significa necesariamente que el tumor sea más agresivo. “Un cáncer diagnosticado a edades tempranas no es, por ese solo hecho, biológicamente más agresivo”, aclaró la oncóloga.
El problema es que algunos tumores, especialmente el cáncer colorrectal, pueden diagnosticarse en etapas más avanzadas entre adultos jóvenes porque tanto pacientes como profesionales pueden considerar menos probable la presencia de cáncer a esas edades. Por eso, Carballido insistió en que la edad no debe ser motivo para desestimar síntomas persistentes.
Un sangrado digestivo, una anemia sin explicación, cambios sostenidos en el ritmo evacuatorio, pérdida de peso no buscada o una masa mamaria requieren evaluación médica si persisten. “Ser joven disminuye la probabilidad de tener cáncer, pero no la elimina”, advirtió.
La especialista explicó que las estrategias de detección deben ajustarse al riesgo individual, los antecedentes familiares y otros factores personales. “El mensaje central es de equilibrio: ni vivir con alarma ni ser indiferentes”, resumió Carballido.
No fumar, reducir el consumo de alcohol, mantener actividad física, evitar el exceso de peso, llevar una alimentación saludable y conocer los antecedentes familiares siguen siendo las medidas con mayor respaldo para reducir riesgos y favorecer una detección oportuna.