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Cuando una intervención estética se convierte en un problema de salud: los riesgos de las sustancias no autorizadas


Publicada: 2026-10-22 08:00:37

Inflamación crónica, infecciones, necrosis, migración del material y secuelas permanentes son algunas de las complicaciones que pueden aparecer cuando se introducen sustancias no autorizadas en el cuerpo.

La historia de Eva Lemos, que atravesó 17 cirugías después de una intervención mamaria, muestra el impacto físico y emocional que puede dejar un procedimiento que salió mal.

Hace 23 años, Eva Lemos, hoy de 51, entró a un quirófano buscando realizarse una intervención estética mamaria. Según cuenta, había pagado por implantes, pero sostiene que eso no fue lo que finalmente le colocaron.

“Hace 23 años comencé una lucha que nunca imaginé vivir. Yo pagué por implantes mamarios, pero no fue eso lo que me colocaron. Ese fue el inicio de un camino marcado por el dolor, la incertidumbre y una larga pelea por mi salud y mi vida”, relata.

A partir de entonces comenzó un recorrido atravesado por dolor, inflamación, infecciones, múltiples diagnósticos y 17 cirugías mamarias.

Durante años, cuenta Eva, fue diagnosticada con artritis reumatoidea mientras su estado general continuaba deteriorándose. “Era como si algo dentro mío no perteneciera ahí y estuviera luchando por salir”, recuerda.

Su experiencia dialoga con una problemática que los especialistas conocen bien: las complicaciones producidas por biopolímeros, silicona líquida, aceites industriales y otras sustancias que no están autorizadas para ser utilizadas de determinada manera dentro del organismo.

El Dr. Javier Ignacio Viguié, cirujano plástico del Hospital del Quemado (MN 114637), advierte que las consecuencias pueden ser muy diferentes según el material utilizado, la cantidad, el sitio de aplicación y el tiempo transcurrido.

“El cuerpo duele, se desgasta, pero el alma también se quiebra”

El recorrido de Eva no fue solamente físico. “Atravesé 17 cirugías y situaciones muy difíciles, tanto físicas como emocionales”, cuenta. “El cuerpo duele, se desgasta, pero el alma también se quiebra. Cada operación traía una esperanza, pero también un miedo enorme”.

Entre las complicaciones que describe aparecen dolor crónico, inflamación persistente, infecciones y rechazo del organismo a materiales implantados.

Hubo incluso períodos en los que permaneció postrada y momentos en los que, según recuerda, sintió que no iba a poder seguir adelante. “Viví miedo, angustia, incertidumbre y momentos de mucha soledad”, señala.

Una de las situaciones más difíciles ocurrió cuando una cirugía que iba a realizarse de manera particular fue cancelada pocos días antes.

“Creo que hubo miedo, miedo a que algo saliera mal, miedo a no poder sostener un caso tan complejo. Ese momento fue un quiebre, porque me dejó nuevamente sola frente a la incertidumbre”, recuerda. Fue después de ese episodio cuando llegó al Hospital del Quemado y conoció al equipo encabezado por Viguié.

“Desde el primer momento sentí algo distinto: humanidad, compromiso y una decisión firme de ayudarme”, cuenta Eva. Y agrega: “No solo me trataron como paciente, me trataron como persona. Me escucharon, me acompañaron y se hicieron cargo de una situación que otros evitaban”.

Qué puede pasar cuando una sustancia no autorizada permanece dentro del cuerpo

Las complicaciones asociadas a estos materiales pueden aparecer de manera inmediata o desarrollarse con el paso del tiempo. Viguié explica que en el Hospital del Quemado reciben pacientes con procesos inflamatorios crónicos, infecciones, abscesos, necrosis de piel y tejidos profundos, deformidades, granulomas y migración del material hacia otras zonas del cuerpo.

“El organismo reconoce muchas de estas sustancias como un elemento extraño. Intenta aislarlas y genera una respuesta inflamatoria que puede persistir durante años”, explica el cirujano.

Según detalla, dependiendo del producto y de la zona donde haya sido colocado, pueden aparecer fibrosis, infección, necrosis y destrucción progresiva de los tejidos. “No se trata simplemente de un producto que queda ‘quieto’ debajo de la piel. Puede desencadenar una respuesta biológica compleja y prolongada”, advierte.

Uno de los mayores problemas es que retirar completamente el material no siempre resulta posible. “Cuando existe destrucción importante de tejidos, fibrosis extensa o migración del material, muchas veces no es posible retirar absolutamente todo”, señala Viguié.

En esas situaciones pueden permanecer cicatrices o secuelas funcionales y estéticas.

El especialista también advierte que el paso del tiempo puede volver los tratamientos posteriores más complejos, debido a la fibrosis, la migración del producto, las deformaciones de los tejidos y las cicatrices que dejan las intervenciones anteriores.

Por eso, dolor creciente, enrojecimiento, calor local, hinchazón, secreciones, heridas, cambios en el color de la piel, fiebre o pérdida de sensibilidad son signos que requieren una consulta médica precoz.

Información, prevención y acompañamiento frente a una complicación

La falta de información aparece como uno de los puntos centrales tanto en el relato de Eva como en la experiencia médica. “Ignoraba los riesgos porque había pagado por implantes mamarios. Confié en que estaba accediendo a un procedimiento seguro”, cuenta ella.

Viguié advierte que muchas personas desconocen exactamente qué producto reciben, quién lo fabrica, qué cantidad se utiliza o cuáles pueden ser sus efectos a largo plazo. También señala que las redes sociales pueden contribuir a generar una falsa sensación de seguridad cuando experiencias individuales se presentan como prueba de que un procedimiento es inocuo.

“Antes de realizar cualquier procedimiento, hay que saber exactamente qué producto se va a utilizar, quién lo va a aplicar y cuál es la formación profesional de la persona que lo realiza”, recomienda.

Y remarca: “Una intervención estética también es un acto médico y tiene que realizarse en condiciones adecuadas de seguridad”. Documento sin título

Para Eva, después de más de dos décadas de tratamientos, el mensaje es similar. “Que lo estético nunca puede estar por encima de la salud ni de la vida”, sostiene. “Cuiden su cuerpo. Infórmense. Pregunten. No todo lo que se ofrece es seguro”.

La paciente recuerda especialmente el momento posterior a una de sus últimas cirugías en el Hospital del Quemado.

“Cuando desperté, la mano de mi doctor sostenía la mía y me dijo: ‘salió todo bien, descansá’. Esa frase, tan simple, fue un abrazo al alma”.

Para Viguié, ese acompañamiento también forma parte del tratamiento: muchos pacientes llegan luego de años de procedimientos, cirugías y frustraciones, con una importante carga emocional. “La comunicación y el acompañamiento son parte fundamental del tratamiento”, afirma.

Y concluye con una advertencia: “Una sustancia que se introduce en el organismo puede generar consecuencias durante muchos años, y lo que inicialmente parece una solución estética sencilla puede terminar convirtiéndose en un problema médico y reconstructivo de gran complejidad”.